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SEGURIDAD: LA ESPADA DE DAMOCLES DE PEÑALOSA

La espada de Damocles se ha utilizado tradicionalmente como referencia hacia la leyenda moral, donde una afilada espada que pende de un hilo se cierne sobre el trono del regente, simbolizando una situación delicada, en la cual la acumulación desmedida de poder y riqueza acompañada de una mala gestión, puede convertirse en un elemento que pone en peligro su mandato. La situación del regente capitalino Enrique Peñalosa no tiene nada que envidiarle a la encrucijada de Damocles, solo que en este caso, el hilo sobre el cual pende la filosa espada que pone el peligro la continuidad de su Gobierno es solo uno: la seguridad ciudadana.

El tema de seguridad ciudadana en Bogotá ha oscilado entre las esperanzadoras estadísticas publicadas por parte de la Alcaldía Distrital y la percepción de seguridad ciudadana recopilada a través de firmas encuestadoras e instituciones como el Observatorio de Seguridad Ciudadana del DANE, que no concuerda necesariamente con el optimismo de los datos oficiales entregados por la administración Peñalosa. La razón principal de esta incoherencia entre los datos oficiales de la alcaldía y los estudios estadísticos de terceros, es la miopía administrativa para resolver los problemas de seguridad más allá de la coerción policiva. Mientras la alcaldía destacaba en Noviembre del año pasado,  la compra de 272 vehículos nuevos para reforzar el parque automotor de la Policía Metropolitana de Bogotá (MEBOG) como un inmenso logro de la “Bogotá Mejor para todos”, poco énfasis se ha hecho en ver de manera ampliada el problema de la seguridad en Bogotá, lo cual a su vez tiene que ver con los malos resultados en las encuestas realizadas a la ciudadanía sobre el tema.

Con el termino de seguridad ampliada, me refiero a que no existe un proceso de pedagogía y planes de choque para reducir el ampa en rubros como la venta de estupefacientes, no hay un fortalecimiento de espacios que brinden insumos para la creación de proyectos productivos dirigido a perpetradores de delitos menores que debilite la reincidencia delincuencial e incrementen el fomento empresarial, las soluciones mediocres hacia la problemática creciente de indigencia en la ciudad fomentan la decadencia del hábitat y el aumento de la delincuencia, y  mucho menos se ha pensado en la formalización laboral de centenares de bogotanos y colombianos provenientes de las regiones,  que justificados por la falta de oportunidades se suben al transporte público con infinidad de recursos para conseguir su sustento. La seguridad en Bogotá es un problema estructural y como tal, debe ser manejado. Pensar que la inseguridad se soluciona aumentando el pie de fuerza y los insumos de coerción, es una solución mediocre y miope similar a querer rescatar la sequedad de un río con un vaso de agua.

Ese fino y delicado hilo llamado seguridad que separa la continuidad de Peñalosa en el cargo y su caída política, se vuelve cada vez más endeble y amenaza con la inmolación del regente con la espada que se cierne sobre su cabeza. Una realidad subsecuente con un posible éxito de la revocatoria al mandato de Peñalosa que buena parte de la sociedad civil capitalina exige en la actualidad. Una solución que por demás considero inoportuna y que atenta de frente contra la democracia,pues se vulnera el proceso democrático posteriormente realizado en las urnas. Además… dejémonos de vainas, la administración Petro no fue exactamente la joya de la corona  y hoy se encuentra fuertemente cuestionada, entre muchas otras cosas,  por cuenta de las investigaciones de la Personería Distrital llevada a cabo a finales del 2016, con un programa de 12 mil millones de pesos destinado a la creación de proyectos productivos para 7000 campesinos, el “problemita” es que no existe el respaldo o testimonio de un solo beneficiario del mismo. En fin… eso es harina de otro costal.

Volviendo a Peñalosa ¿ Que nos queda? Esperar un llamado a la cordura y una actitud propositiva y no simplemente contestataria de la sociedad civil. Ahora que se ha aprobado el presupuesto de 2017 para seguridad ciudadana por un monto de $496.271.398 millones de pesos, estamos a la expectativa si se manejan de manera acertada estos recursos y se dan soluciones estructurales al problema de seguridad en Bogotá o por el contrario como suele suceder, la obstinación y terquedad de Peñalosa, se convierten en insumos necesarios para la estocada que sus detractores tanto anhelan. ¿ Caerá la espada? Solo el tiempo lo dirá.

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